miércoles, 7 de mayo de 2025
Es infinita esta riqueza abandonada
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro
cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas
distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha
extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos
islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de
todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas
vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas
veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza
abandonada.
Edgar Bayley
viernes, 4 de abril de 2025
Poesía
jardines inhabitados pensamientos
supuestas palabras en
pedazos
jardines se ausenta
la luna figura de
una falta contemplada
jardines extremos de esa ausencia
de jardines anteriores que
retroceden
ausencia frecuentada sin misterio
cielo que retrocede
sin pregunta
Ana Cristina Cesar
lunes, 17 de marzo de 2025
El rebelde
Escucho y escucho teorías, dijo,
atendí durante toda mi vida
a teorías
sobre cómo predisponerse
a la llegada de la poesía,
pero jamás nadie
me anticipó
que podía llegar un momento
en que tendría que encontrar la manera
de escapar de ella.
Plantándose delante
con sus túnicas y sonajeros
su lengua de ahorcada
su bocina de victrola
siempre inoportuna
cuando yo me tiro, dijo,
para conectarme al respirador,
cuando me caigo
en los primeros brazos que encuentro
para conectarme
a un corazón artificial
cuando me despierta
el grito de mis sueños
ahí está
en el medio
tirándome la manga,
haciéndome una zancadilla,
la bobita
parlanchina.
Como la fama
que sólo ama a quien la desprecia,
la poesía sólo visita
a quien
alguna vez la cortejó
y ahora tiene otras urgencias.
Y entonces
o la echás a patadas
o te ahoga.