El equilibrio en los otros
(tiempo de abrazar)
Esa demora donde tiempo
deshace sus señales,
ese alargar el encuentro
cuando dispone su ceremonia
y se niega a cerrarla. Otro café,
otro traguito, otro suceso mínimo
para contar.
Esa tardanza abstraída,
tácita en el ocio que se mezcla
con los pigmentos amarillos y violetas
de las luces bajas, nocturnas.
Otra cerveza, otra vuelta,
otra historia se rearma
y se hace tarde
pero no cesa la brasa. El lar
que anida en los otros.
La risa que se adentra repicante
y ese miraje tristón,
repuesto para no malograr
la cercanía, las presencias
que de a poco diluyen
la tracción de algún daño.
Sed, no es más que sed
esta laxitud
donde un agua subterránea
nos humedece las bocas,
las palabras.
El lazo amoroso enredado
que se despliega.
Sed no es más que sed
el celo en los próximos,
el alma susurrada
al acompasarnos,
al ir de bares
y entre palabras encimadas
destapar la hostilidad de un devenir
por un instante, menos furioso.
Tendidos los gestos
como flores repentinas
en una mata de iris azules.
Y ya no enmudecer
arrojados en soledad
sobre una roca desnuda.
No es más que sed
seguir la caminata
entre las briznas de una calle
con luminarias
atenuads por el follaje,
el asfalto acallado de autos.
No es más que sed
que se calma
asida al abrazo.
Agua sostenida
que se entrega.
En el otro, un equilibrio.
Abrazar es un equilibrio.
Alicia Genovese