sábado, 30 de mayo de 2020

Neolítico dichoso
El vacío pregona
una filantropía que desespera.
Octavio Paz

Hoteles, relojes, teléfonos,
satélites, automóviles, viajes
a la luna, rosas a domicilio,
American Express, computadoras
ritual sin rito, burocracias,
estridencia punk, balas
de plástico, napalm, etcéteras
por télex: no me interesan,
nada de ese unánimemente afamado
argumento del progreso
me interesa, mejor tomar de lámpara
al sol, seguir esperando lluvia
cuando me alcanza la sed.

Samuel Noyola, poeta mexicano desaparecido

viernes, 29 de mayo de 2020

La peur

Roses de feu, blanches d'effroi,
Les trois
Filles sur le mur froid
Regardent luire les grimoires ;
Et les spectres de leurs mémoires
Sont évoqués sur les parquets,
Avec l'ombre de doigts marqués
Aux murs de leurs chemises blanches,
Et de griffes comme des branches.
Le poêle noir frémit et mord
Des dents de sa tête de mort
Le silence qui rampe autour.
Le poêle noir, comme une tour
Prêtant secours à trois guerrières.
Ouvre ses yeux de meurtrières !
Roses de feu, blanches d'effroi,
En longues chemises de cygnes,
Les trois
Filles, sur le mur froid
Regardant grimacer les signes,
Ouvrent, les bras d'effroi liés,
Leurs yeux comme des boucliers.

Alfred Jarry 

jueves, 28 de mayo de 2020

ESTACIÓN EN LA TIERRA
I
No creo que yo esté aquí demás.
Aquí hace falta una mujer, y esa mujer soy yo.
No regreso hecha llanto. No quiero conciliarme
con los hechos extraños.
Antiguamente tuve la inútil velada de levantar las tejas
para aplaudir los párrafos de la experiencia ajena.
Antiguamente no había despertado.
No era necesario despertar.
Sin embargo, he despertado de espalda a tus discursos,
definitivamente de frente a la verídica, sencilla y clara
necesidad de ir a mi encuentro.
Ahora puedo negarte. Retirarte mi voto.
Y puedo escuchar y gritar conmigo
irremisiblemente viva,
porque viva es la voz de las verdades,
porque viva es la voz del luminoso
salón del casamiento del ángel con la estrella.
Ahora puedo negarte. Toda soy de ventanas,
limpia, libre y clara de frente al campanario
de los oficios de los vivos y de los muertos.
Y siento la necesidad de las cosas pequeñas,
de esas cosas pequeñas que no trepan
como si tuvieran medido el sitio,
sino que se esparcen como los árboles ardidos.
Con esa pequeñez me desplazo por tu arquitectura
de galería sin fin.
siempre sin novedad, ni rosa, ni luna en su camino
y llego al fondo donde te descubro
en esas generaciones de familias inmovilizadas
que terminan con la última viga anciana
cuando ya no hay otro dueño y el mueble está gastado.
II
Esa infeliz dignidad de la rutina
está en el término donde la tontería
tiene la voz de las caricias para llamar a las bestias
y no significa nada para la voz de mis verdades.
Pensarán que he llegado demasiado temprano,
acaso un poco tarde. Tal vez no hubiera
llegado a ningún otro tiempo
para reemplazar mi turno.
Pero no creo que yo esté aquí demás,
y además prefiero estar aquí ahora,
y desatarme a veces,
y recoger las negaciones
para volver con la resignación,
el grito y el paso de la muerte.
Esto es regresar al sitio
donde los árboles rechazan a los desconocidos
y se prolonga el conversar de algunas estaciones.
Esto es ser como los otros
y volver mi alma vecina
igual a las de los vecinos,
y perder el temor de atravesarme totalmente
con el recuerdo del libro del recuerdo.
III
Prudentemente he cerrado el camino
y he dicho: estoy en tiempo puro.
Un tiempo que en la vida ha perdido el sentido.
Un tiempo que revela que la naturaleza de las cosas
está al revés de su corteza
y el alimento consiste en el estímulo.
Estación de verdad que me incorpora
y rechaza el propósito de descubrir el Código
que sentencia la vida detrás de tu cortina.
Aída Cartagena Portalatín 

miércoles, 27 de mayo de 2020

Acerca de la libertad

Esta mañana han comprado un pájaro
                              como se compra una fruta
                                     un ramo de flores.

Dicen que Hokusai compraba pájaros para liberarlos.

También Leonardo 
              pero midiéndoles el impulso y el rumbo.

Posiblemente en la infancia he pintado pájaros
pero jamás les he hallado relación exacta con los aviones.

Estoy tentado a liberar este pájaro
                                 a devolverle
            su derecho a morir sobre el viento.

Me van a pedir razones.

Sentiré la obligacion de hablar acerca de la libertad
pero mi familia que es muy lógica 
                              dirá que afuera solo
                                con el viento
                                 a ver qué hago.

José Watanabe 

martes, 26 de mayo de 2020

La musa 

Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja;
con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales;
en su boca, una fruta perfumada y bermeja
que destile más miel que los rubios panales.


A veces nos asalte un aguijón de abeja:
una raptos feroces a gestos imperiales
y sorprenda en tu risa el dolor de una queja;
¡En sus manos asombren caricias y puñales!


Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante,
y sea águila, tigre, paloma en un instante,
que el Universo quepa en sus ansias divinas.

Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame,
y una frente que, erguida, su corona reclame
¡de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!


Delmira Agustini 

lunes, 25 de mayo de 2020

ITA VE´E

Mii nikanchii kaku ra ve´e chico cempasuchitl
ra tuyutsa.
Yúú ntakiintachi kuee,
ve´e koi kusu
ra tútu tsa kachi mii ñu´un.

Ve´e koi viko
yee nchaa ita, kua´a ra kuan.
yee ñá´an kúnú ñuú,
xaa staa ra ntakuatu cháaku,
ntakuatu se´e.

Nuu ve´e anka tikoso ña kuaku
ana koi kusu ra kunchatu
in se´é, in kuu ini, in tu´un 
In siví chito ñu´un.

Nuu ve´e yee ita, kunchatu ita.

CASA FLOR

El sol nace y la casa ya huele a cempasúchitl
 y ocote.
Las piedras respiran despacio,
la casa despierta
y la leña habla en el fuego.

En esta casa no hay nubes,
hay flores azules, rojas y amarillas.
Hay mujeres que tejen palma,
hacen tortillas y rezan por sus hombres,
por sus hijos.

En esta casa hay grillos que lloran,
corazones que no duermen y esperan
un hijo, un amor, una palabra…
un nombre junto al fuego.

En esta casa hay flores, flores de espera.

Nadia López García