lunes, 31 de diciembre de 2012


                                    Como diría Borges, la amistad no necesita frecuencia.
                                Gracias Flor, Mil y Nati por el video tan lindo que me hicieron.

                                          ¡Los quiero y gracias por la complicidad!

viernes, 28 de diciembre de 2012

Las cosas que no hacemos - Andrés Neuman
 
Me gusta que no hagamos las cosas que no hacemos. Me gustan nuestros planes al despertar, cuando el día se sube a la cama como un gato de luz, y que no realizamos porque nos levantamos tarde por haberlos imaginado tanto. Me gusta la cosquilla que insinúan en nuestros músculos los ejercicios que enumeramos sin practicar, los gimnasios a los que nunca vamos, los hábitos saludables que invocamos como si, deseándolos, su resplandor nos alcanzase.
Me gustan las guías de viaje que hojeas con esa atención que tanto te admiro, y cuyos monumentos, calles y museos no llegamos a pisar, fascinados frente a un café con leche. Me gustan los restaurantes a los que no acudimos, las luces de sus velas, el sabor por venir de sus platos. Me gusta cómo queda nuestra casa cuando la describimos con reformas, sus sorprendentes muebles, su ausencia de paredes, sus colores atrevidos. Me gustan las lenguas que quisiéramos hablar y soñamos con aprender el año próximo, mientras nos sonreímos bajo la ducha. Escucho de tus labios esos dulces idiomas hipotéticos, sus palabras me llenan de razones. Me gustan todos los propósitos, declarados o secretos, que incumplimos juntos. Eso es lo que prefiero de compartir la vida. La maravilla abierta en otra parte. Las cosas que no hacemos.

lunes, 24 de diciembre de 2012


                                                 Hoy me convertí en Licenciada...
                                                 Gracias a todos por el apoyo...
                                                               
                                                      Aretha Franklin     "Natural woman"
 
 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

lunes, 26 de noviembre de 2012


                                                           En el aniversario de su natalicio..

                                                      JIMI HENDRIX tocando "Voodoo child" en Woodstock



jueves, 15 de noviembre de 2012

Patricio Rey y sus redonditos de ricota en Laskina Pub (1989)
                                    
                              Dedicado a mi hermano que me hizo conocer esta gran banda...


miércoles, 14 de noviembre de 2012


Clarice Lispector

Es allí a donde voy

"Más allá de la oreja existe un sonido, la extremidad de la mirada un aspecto, las puntas de los dedos un objeto: es allí a donde voy. La punta del lápiz el trazo. Donde expira un pensamiento hay una idea, en el último suspiro de alegría otra alegría, en la punta de la espalda magia: es allí a donde voy. En la punta del pie el salto. Parece historia de alguien que fue y no volvió: es allí a donde voy. ¿ O no voy? Voy, sí. Y vuelvo para ver cómo están las cosas. Si continúan mágicas. ¿Realidad? Te espero. Es allí a donde voy. En la punta de la palabra está la palabra. Quiero usar la palabra "tertulia", y no sé dónde ni cuándo. Al lado de la tertulia está la familia. Al lado de la familia estoy yo. Al lado de mí estoy yo. Es hacia mí a dónde voy. Y de mí salgo para ver. ¿Ver qué? Ver lo que existe. Después de muerta es hacia la realidad adonde voy. Mientras tanto, lo que hay es un sueño. Sueño fatídico. Pero después, después de todo es real. Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien me dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto. Yo amo el amor. El amor es rojo. Los celos son verdes. Mis ojos son verdes tan oscuros que en las fotografías salen negros. Mi secreto es tener los ojos verdes y que nadie lo sepa. En la extremidad de mí estoy yo. Yo, implorante, yo, la que necesita, la que pide, la que llora, la que se lamenta . Pero la que canta. La que dice palabras. ¿Palabras al viento? Qué importa, los vientos las traen de nuevo y yo las poseo. Yo al lado del viento. La colina de los vientos aullantes me llama. Voy, bruja que soy. Y me transmuto. Oh, cachorro, ¿dónde esta tu alma? ¿Está cerca de tu cuerpo? Yo estoy cerca de mi cuerpo. Y muero lentamente. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo amor. Y cerca del amor estamos nosotros".

lunes, 5 de noviembre de 2012



Recuerdo                 
                               a Diego Mur

Te recuerdo,como una dulce criatura
con la que compartî mi infancia,
caminando de la mano
y besàndonos en los labios
en medio de juegos peligrosos
que desconocîamos
y nos asustarîan màs tarde.
Crecimos 
y nuestros rostros
se endurecieron,
nos abandonô
la infancia
y llegô el turno
de la muerte,
odiosa muerte, 
y te recuerdo
abrazàndome,
acariciàndome
con tus ojos
para ahuyentarla,
sî,
malvada muerte,
yo habîa perdido el amor,
vos ahondabas
en lo màs profundo
para encontrarlo.
Te recuerdo 
como el ûnico hombre
que secô mis làgrimas
sin verguenza 
y nada a cambio
cuando supe
que no pertenecîa al mundo,
un mundo 
en el que sôlo 
el amor era dueño,
pero ¿cômo seguir?
¿Cômo vivir
con la conciencia
de que el ser amado
sufre?
¿Cômo describir 
un abrazo tuyo
cuando siento
que me salva
del peligro,
de la infancia arrebatada?
Quizàs sea el viento 
el que nos arrastre
siendo niños
para lograr
reconstuir 
ese mundo inmaculado
o quizàs
esta vida
tramposa
nos convierta 
en los seres
que temimos.
Te escribo, pequeño ser, porque tengo miedo,
te escribo para darte las gracias. 





sábado, 3 de noviembre de 2012

"El reino de la libertad comienza sôlo donde termina el trabajo determinado por la necesidad y las consideraciones mundanas". Karl Marx.
Les jeux sont faits 
                                          Olga Orozco

¡Tanto esplendor en este día!
¡Tanto esplendor inútil, vacío, traicionado!
¿Y quién te dijo acaso que vendrían por tidías dorados en años venideros?
Días que dicen sí, como luces que zumban, como lluviassagradas.
¿Acaso bajó el ángel a prometerte un venturosoexilio?
Tal vez hasta pensaste que las aguas lavaban los guijarros
para que murmuraran tu nombre por las playas,
que a tu paso florecerían porque sí las retamas
y las frases ardientes velarían insomnes en tu honor.
Nada me trae el día.
No hay nada que me aguarde más allá del final de laalameda.
El tiempo se hizo muro y no puedo volver.
Aunque ahora supiera dónde perdí las llaves yconfundí las puertas
o si fue solamente que me distrajo el vuelo de algúnpájaro,
por un instante, apenas, y tal vez ni siquiera,
no puedo reclamar entre los muertos.
Todo lo que recuerda mi boca fue borrado de la memoria de otra boca;
se alojó en nuestro abrazo la ceniza, se nos precipitó lalejanía,
y soy como la sobreviviente pompeyana
separada por siglos del amante sepultado en la piedra.
Y de pronto este día que fulgura
como un negro telón partido por un tajo, desde ayer, desde nunca.
¡Tanto esplendor y tanto desamparo!
Sé que la luz delata los territorios de la sombra y vigila ensuspenso,
y que la oscuridad exalta el fuego y se arrodilla en los rincones.
Pero, ¿cuál de las dos labra el legítimo derechode la trama?
Ah, no se trata de triunfo, de aceptación ni de sometimiento.
Yo me pregunto, entonces:
más tarde o más temprano, mirado desde arriba,
¿cuál es en el recuento final, el verdadero, intocabledestino?
¿El que quise y no fue?, ¿el que no quise y fue?

Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida.

jueves, 1 de noviembre de 2012


Rosario Castellanos
Lo cotidiano 
                              a Fer 
                                 i.m.
                           
Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.

Para el amor no hay tregua, amor.

La noche se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. 

En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

domingo, 28 de octubre de 2012

A Mijail...


Una vida
                      Sylvia Plath

Tócala: no se encogerá como pupila
esta rareza oviforme, clara como una lágrima.
He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,
azucena, como flora distinta
de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará
como campana china al mínimo temblor del aire
aunque nadie lo note o se anime a contestar.
Los indígenas, como el corcho graves,
todos ocupadísimos para siempre jamás.

A sus pies las olas, en fila india,
no reventando nunca de irritación, se inclinan:
en el aire se atascan,
frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.
Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia
de rostros habituales, a un coleccionista,
por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.
Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa
anticuada, el mar, plano como una postal,
que una dimensión de más le impide penetrar.
Dolor y cólera neutralizadas,
ahora dejadla en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla
con voz felina de adioses, partida.
Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,
y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa
saliendo a la orilla.

martes, 23 de octubre de 2012

sábado, 20 de octubre de 2012


Besos
                      Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.



Uno de los motivos por los cuales París es tan bella....



domingo, 14 de octubre de 2012



El primer beso
                      Clarice Lispector

Más que conversar, aquellos dos susurraban: hacía poco que el romance había
empezado y andaban tontos, era el amor. Amor con lo que trae aparejado: celos.
—Está bien, te creo que soy tu primera novia, me pone contenta. Pero dime la verdad:
¿nunca antes habías besado a una mujer?
—Sí, ya había besado a una mujer.
—¿Quién era? —preguntó ella dolorida.
Toscamente él intentó contárselo, pero no sabía cómo.
El autobús de excursión subía lentamente por la sierra. Él, uno de los muchachos en
medio de la muchachada bulliciosa, dejaba que la brisa fresca le diese en la cara y se le
hundiera en el pelo con dedos largos, finos y sin peso como los de una madre. Qué bueno
era quedarse a veces quieto, sin pensar casi, sólo sintiendo. Concentrarse en sentir era
difícil en medio de la barahúnda de los compañeros.
Y hasta la sed había empezado: jugar con el grupo, hablar a voz en cuello, más fuerte
que el ruido del motor, reír, gritar, pensar, sentir... ¡Caray! Cómo se secaba la garganta.
Y ni sombra de agua. La cuestión era juntar saliva, y eso fue lo que hizo. Después de
juntarla en la boca ardiente la tragaba despacio, y luego una vez más, y otra. Era tibia, sin
embargo, la saliva, y no quitaba la sed. Una sed enorme, mas grande que él mismo, que
ahora le invadía todo el cuerpo.
La brisa fina, antes tan buena, al sol del mediodía se había tornado ahora árida y
caliente, y al entrarle por la nariz le secaba todavía más la poca saliva que había juntado
pacientemente.
¿Y si tapase la nariz y respirase un poco menos de aquel viento del desierto? Probó un
momento, pero se ahogaba en seguida. La cuestión era esperar, esperar. Tal vez minutos
apenas, tal vez horas, mientras que la sed que él tenía era de años.
No sabía cómo ni por qué, pero ahora se sentía más cerca del agua, la presentía más
próxima, y los ojos se le iban más allá de la ventana recorriendo la carretera, penetrando
entre los arbustos, explorando, olfateando.
El instinto animal que lo habitaba no se había equivocado: tras una inesperada curva de
la carretera, entre arbustos, estaba... la fuente de donde brotaba un hilillo del agua soñada.
El autobús se detuvo, todos tenían sed, pero él consiguió llegar primero a la fuente de
piedra, antes que nadie.
Cerrando los ojos entreabrió los labios y ferozmente los acercó al orificio de donde
chorreaba el agua. El primer sorbo fresco bajó, deslizándose por el pecho hasta el
estómago.
Era la vida que volvía, y con ella se encharcó todo el interior arenoso hasta saciarse.
Ahora podía abrir los ojos.
Los abrió, y muy cerca de su cara vio dos ojos de estatua que lo miraban fijamente, y
vio que era la estatua de una mujer, y que era de la boca de la mujer de donde el agua salía. Se acordó de que al primer sorbo había sentido realmente un contacto gélido en los labios,
más frío que el agua.
Y entonces supo que había acercado la boca a la boca de la mujer de la estatua de
piedra. La vida había chorreado de aquella boca, de una boca hacia otra.
Intuitivamente, confuso en su inocencia, se sintió intrigado: pero si no es de la mujer de
quien sale el líquido vivificante, el líquido germinador de la vida... Miró la estatua desnuda.
La había besado.
Lo invadió un temblor que desde fuera no se veía y que, empezando muy adentro, se
apoderó de todo el cuerpo y convirtió el rostro en brasa viva.
Dio un paso hacia atrás o hacia delante, ya no sabía qué estaba haciendo. Perturbado,
atónito, se dio cuenta de que una parte de su cuerpo, antes siempre serena, estaba ahora en
una tensión agresiva, y eso no le había ocurrido nunca.
Dulcemente agresivo, se hallaba de pie, solo en medio de los demás con el corazón
latiendo pausada, profundamente, sintiendo cómo se transformaba el mundo. La vida era
totalmente nueva, era otra, descubierta en un sobresalto. Estaba perplejo, en un equilibrio
frágil.
Hasta que, surgiendo de lo más hondo del ser, de una fuente oculta en él chorreó la
verdad. Que en seguida lo llenó de miedo y también de un orgullo que no había sentido
nunca. Se había...
Se había hecho hombre.

miércoles, 3 de octubre de 2012


¡Bienvenido Manuel al mundo!

Te quiero Luce.
                                                       Para Manu: "Wild child" de The Doors




sábado, 29 de septiembre de 2012

Solamente
               por Alejandra Pizarnik


Ya comprendo la verdad
estalla en mis deseos
y mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida 

viernes, 28 de septiembre de 2012

Para mi amigo Seba y su amor por la literatura...

La bruja blanca







Por Juan Forn
Al pie de foto le alcanzaría decir: “Flannery O’Connor en Lourdes” y sería como una novela entera. La bruja blanca de la literatura, que se estaba muriendo de lupus desde los veinticinco años, llega al santuario de Lourdes en muletas. Una parienta rica le pagó el viaje. Flannery tenía treinta y tres años, le quedaban seis de vida. Ya había escrito uno de los mejores libros de cuentos de la historia: Un hombre bueno es difícil de encontrar. Cuando llegó desde su Georgia natal a la famosa residencia de escritores en Iowa a los veinte años, no sabía quiénes eran Kafka y Joyce. Días después, cuando leyó su primer cuento allá, dejó a todos en atónito silencio; en las horas siguientes se fueron acumulando manojos de flores silvestres en la puerta de su cubículo, que manos anónimas habían ido dejándole sin decir palabra. De Iowa fue a Yaddo, otra famosa residencia de escritores, y pasó más o menos lo mismo. En los días previos a que lo internaran en el loquero, el poeta Robert Lowell abandonó Yaddo sin decir a nadie adónde iba y en un legendario raid maníaco por Nueva York enloqueció a todos sus amigos con influencias exigiendo que lo ayudaran a lograr la canonización de Flannery: no la literaria sino la auténtica, la del Vaticano; se había hecho católico por Flannery. Ella se enteró cuando ya estaba de vuelta en Georgia. La habían bajado en camilla del tren: de un día para el otro sus brazos no le respondieron al teclear en la máquina de escribir. Le diagnosticaron lupus. Desde Georgia escribió a sus amigos del Norte: “Creo que me quedaré hasta ver en qué clase de inválida me convierto”. A Lowell prefirió no escribirle nada en la carta que le mandó; adentro de la página en blanco doblada en tres iba una pluma del último de los pavos reales que había criado de chica en su granja, el único que quedaba con vida cuando ella volvió del Norte y se convirtió en la celebridad del pueblo: la escritora loca que caminaba en muletas por sus humildes dominios seguida de su pavo real.
Vivía en esa granja con su madre, mantenidas por la parienta rica que después las llevaría a Lourdes. Todas las mañanas al despertarse y todas las noches antes de dormirse leía una hora, de algún breviario, la vida de un santo o un mártir (nunca la Biblia; ése era territorio de Faulkner y ella no quería “que mi pequeña barca encalle contra él”). Después se iba a misa de siete y después se sentaba a escribir sus historias dementes y fabulosas sobre las pobres almas del Sur. Su madre y su tía decían: “Ojalá hubiera encontrado otra forma de expresar su talento”. La gente del pueblo decía: “Es una buena chica. Sólo me da miedo acercarme y que me ponga en uno de sus cuentos”. Ella se limitaba a decir: “Las buenas personas son muy difíciles de encontrar. Hay que arreglarse con las malas personas, que son tan respetables que resultan horribles, tan horribles que resultan cómicas, tan cómicas que resultan patéticas, tan patéticas que sería horroroso tener piedad de ellas, porque atraería a los demonios del desprecio”.
En esos cinco años en el Norte se alimentaba, sin alejarse de su máquina de escribir, de sardinas que comía directo de la lata y de agua de la canilla, a la que vertía un chorrito de bourbon porque “el agua del Norte no tiene gusto a nada”. Cuando volvió a Georgia y el lupus empezó a asfixiarle el cuerpo, le escribió a una admiradora: “Descanso veintidós horas al día para poder escribir las otras dos” (la misa, la lectura de breviarios y la alimentación de su pavo real eran parte del descanso). Nunca tuvo novio ni marido y sólo una vez fue besada en toda su vida, por un vendedor de biblias danés, sobreviviente de los nazis. Fue poco antes del viaje a Lourdes. Así describió ese beso en “La buena gente del campo”, uno de sus mejores cuentos: “El le apoyó la mano en el nacimiento de la espalda, la atrajo hacia sí y la besó sin decir una palabra. El beso produjo una circulación de adrenalina en el cuerpo de ella, esa clase de adrenalina que permite arrastrar un baúl lleno fuera de una casa en llamas. Pero antes incluso de que él la soltara, la mente de ella dictaminó con agridulce satisfacción, como si contemplara la escena desde muy lejos, que era una experiencia perfectamente intrascendente si se mantenía el control”. Siempre que leo ese beso me acuerdo al instante de su perfecta contracara, una escena formidable del cuento “La Persona Desplazada”: la señora Shortley reta a su marido porque está fumando mientras ordeña las vacas de la patrona; el señor Shortley hace que la colilla del cigarrillo apunte hacia adentro y cierra su boca, sin dejar de mirarla y sin interrumpir su tarea. “Ese truco había sido en realidad su manera de cortejar a la señora Shortley. Nunca llevó una guitarra para cantarle ni nada bonito para regalarle, sólo se sentaba en los escalones del porche, la miraba intensamente, hacía girar la punta del cigarrillo hacia adentro con la punta de la lengua y el labio inferior, cerraba la boca y la miraba con la expresión más cariñosa que se pueda imaginar. Esto volvía loca a la señora Shortley. Al instante le entraban ganas irrefrenables de bajarle el sombrero hasta los ojos y estrecharlo entre sus brazos, mientras le murmuraba al oído: Oh, señor Shortley, oh, señor Shortley”.
La intelligentzia francesa quedó atónita cuando Flannery se negó a parar en París en su viaje a Lourdes. Tampoco quiso sumergirse en las aguas supuestamente milagrosas del manantial: “Vine como peregrina, no como paciente. Soy de esas personas que pueden morir por su religión, pero no tomar un baño por ella”. Le encantó, en cambio, que en Lourdes hubiera tantos enfermos, tullidos y locos como en sus cuentos. Y pidió que la dejaran un rato largo rezando en la capilla, no para curarse, sino para poder terminar el libro que estaba escribiendo (Todo lo que asciende debe converger, al que llamaba su “opus nauseus”). “Vivo en lo que escribo. Si entrecierro los ojos puedo ver todo lo que me ha pasado como una bendición”, dijo poco antes de morir. “Aunque, a decir verdad, prefiero mirar hacia 1931. De ahí en adelante ha sido un prolongado anticlímax”. En 1931, cuando Flannery tenía cinco años, la gente del noticiero de variedades Pathé viajó hasta Georgia para filmar el gallo al que ella había enseñado a caminar para atrás. La filmación existe todavía: el gallo es un gallo cualquiera, hasta que empieza a imitar a la nena. Lo que se ve entonces en los ojos de ese bicho, y especialmente en los de esa nena, es lo mismo que asomó en los ojos de aquel anciano general confederado, cuando lo llevaron como un trofeo al estreno en Georgia de Lo que el viento se llevó. El general tenía 104 años, fue vestido con su uniforme y su sable, en mitad de la película creyó que se le venía encima la parca y “mientras su mano apretaba el filo de acero hasta que se hundía en el hueso, sus ojos hicieron un esfuerzo desesperado por ver más allá, más atrás; por tratar de saber, antes de morir, qué venía después del pasado”.

lunes, 24 de septiembre de 2012

miércoles, 19 de septiembre de 2012


Janis Joplin "Work me Lord"

                                     Para Flori...


martes, 18 de septiembre de 2012

sábado, 15 de septiembre de 2012


El mundo que nos toca vivir

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania
El camino para la salvación del euro está libre. En ese tono titularon los diarios el jueves pasado. Es que la Corte Suprema de Alemania había aprobado la resolución del Parlamento por la cual se proponía la ayuda financiera al Banco Central Europeo. Con eso se ratificaba la posición de la jefa del gobierno germano, Angela Merkel y, de alguna manera, se respaldaba la existencia del Mercado Común Europeo.
Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda respiraron con optimismo luego de tantos meses de un panorama económico más que dramático. Pero la Justicia alemana limitó la ayuda de su país a la suma de 190 mil millones de euros. Todo préstamo más allá de esa suma debe ser aprobado antes por el Parlamento alemán, así se le da cabida a la opinión de la minoría.
Sí, un respiro para la agotada Europa y un gesto de Alemania para salvar al euro y un no al regreso a las fronteras económicas de antes y a la moneda propia de cada país. Pero hay muchas protestas, en especial de la derecha alemana –mismo en sectores del propio partido gobernante demócrata cristiano–, que se preguntan por qué Alemania siempre es la que tiene que pagar los platos rotos que rompen los otros europeos. Pero cualquier aislamiento de Alemania hubiera podido ocasionar una verdadera catástrofe económica continental. Esta misma semana se publicaron pronósticos de que la crisis económica llegará también a Alemania a comienzos del 2013, cuando el crecimiento sea sólo del 1,1 por ciento, en vez del 1,7 pronosticado antes.
Otra vez el sistema capitalista con sus crisis y un mundo que no encuentra la paz ni puede cumplir con el principio del trabajo para todos o por lo menos pan para todos. Y justo, con la información de la aprobación de la ayuda alemana a los países europeos en crisis, apareció la noticia oficial de la Agencia Federal de Estadísticas alemana, de que va creciendo en este país la cuota de gente que cae en estado de pobreza. Se señala que en 2005 la gente pobre llegaba al 14,7 por ciento del total de la sociedad; en 2010 bajó al 14,5, pero en 2011 ha llegado ya al 15,1 por ciento. Una cifra para pensar. ¿Por qué si aumenta la producción aumenta al mismo tiempo la pobreza, y eso que se trata de un país del “primer mundo”? ¿Por qué no se investiga si la fortuna de los acaudalados va cada vez más en aumento y la pobreza avanza al mismo tiempo? Los estudios oficiales señalan, por ejemplo, que el riesgo de pobreza en Berlín creció del 19,7 en el 2005, a 21,1 en el 2011.
Recuerdo cuando en la década del cincuenta se nos enseñaba que la “economía de mercado” iba a solucionar todos los problemas del mundo. Pues bien, las cifras que presentó Unicef nos dicen que todos los días fallecen en el mundo 19.000 niños menores de cinco años. Todo eso a pesar del progreso de las ciencias médicas. De acuerdo con ese estudio, cada tercer niño que muere es por desnutrición crónica o aguda. De enfermedad pulmonar fallece el 18 por ciento del total; de colitis, el 11 por ciento, y de malaria, el 7 por ciento.
¿Qué dice Naciones Unidas ante estas cifras? ¿Qué es en esencia el ser humano que permite así la muerte de esos seres indefensos? Y aquí viene la otra cara de la moneda. La producción de armas. Las armas cada vez más mortíferas. Los mayores exportadores de armas son Estados Unidos, luego Rusia y el tercero es nada menos que Alemania. Sí, el país que perdió la última Guerra Mundial perdió millones de seres que encontraron la muerte –no sólo como soldados, sino mujeres y niños– en las ciudades bombardeadas. A pesar de ello, acaba de publicarse la información de que esta Alemania actual vendió armas al exterior por 1,1 mil millones de euros en el 2004, y subió esa exportación a 2,1 mil millones seis años después. Negocio perfecto. Negocios son negocios, no importa la moral. Los autores de este estudio, Nicolas Büchse y Hauke Friedrichs, señalan que “la venta de tanques de guerra a regímenes políticos autocráticos (dictaduras, en el verdadero sentido) ya no es más un tabú”, y agregan (textual): “Jamás en la historia fue tan fácil vender armas al exterior”. Ultimamente, esas armas han sido empleadas en la guerra de Afganistán, en Kosovo, en Macedonia. También en maniobras militares de Arabia Saudita y en la Unión de Emiratos Arabes. Por ejemplo, la ametralladora MP5 dispara 8000 proyectiles por minuto y ha sido comprada por Irán, para uso policial, y por la India (que tiene el 24 por ciento del total de muertes de niños en el mundo), por Turquía y por Indonesia. El tanque Leopard II, al que la empresa que los fabrica llama “la nave insignia de los ejércitos”, cuesta 9 millones de euros por unidad. De esta arma –se dice que es la más codiciada del mundo– ya Arabia Saudita ha comprado 800 unidades; Qatar, 200 e Indonesia, 100. También viene dotado con un cañón de caño corto “para ser utilizado en las ciudades”. Y una ametralladora “vertical” con la cual puede atacar “enemigos en los techos de las casas”. Y un lanzagranadas para gases y nieblas. El estado-ciudad de Singapur compró 168 tanques de este tipo.
También Alemania produce el submarino Dolphia, que cuesta cada uno 550 millones de euros. Israel ya ha comprado seis de ellos y los ha dotado de armas nucleares. Todo parece una novela de perversa imaginación; que los judíos que sufrieron uno de los genocidios más grandes de la Historia a manos de los nazis alemanes, ahora compren a Alemania justamente armas.
En total, Alemania produce actualmente las ocho armas más efectivas de la Historia. El recorrido que ha hecho el mundo humano parece ser una obra de ficción inigualable. Pobres autores de libros de ficción, ¡qué cortos se han quedado! Mejor escriban la actual realidad del mundo y van a encontrar los temas de más fantasía. Tal vez los lectores de mis contratapas se digan: ¡otra vez Bayer escribiendo sobre el hambre de los niños y la venta de armas, basta! Pero no. Voy a cerrar esta página con el otro aspecto de la humanidad. Los que no se rinden: la gente bien de abajo que lucha por más dignidad, por ejemplo, las mujeres de Vernon Yankee en Estados Unidos. Allí existe una central atómica que ya ha tenido varios problemas. Un conjunto de abuelas –todas abuelas– se han reunido y comenzado la lucha para su cierre. Se llaman a sí mismas “las Ladys radicales”, y marchan y cantan himnos: “Stand up” y “I will Survive”. Todas visten blusas con inscripciones antinucleares y “molestan” día por día a los responsables. Y están seguras de que triunfarán.
Otro caso es el de las colectividades armenias en todo el mundo, que han salido nuevamente a la calle ahora por la vergonzosa y pérfida medida llevada a cabo por el gobierno de Azerbaiján. Armenia y Azerbaiján tienen un largo conflicto desde la década del noventa. En el 2004, en Budapest, se realizó el seminario “Colaboración para la Paz”, de ayuda para encontrar soluciones, con invitaciones a militares de ambos países. Allí, el teniente azerbaijano Ramil Safarow aprovechó la oportunidad para entrar en la habitación del oficial armenio Gurgan Makarian y cortarle la cabeza de un hachazo. La Justicia húngara condenó al asesino a cadena perpetua. Entonces, el gobierno azerbaijano pidió la extradición del culpable para hacerle cumplir la pena en su país natal. Hungría se lo entregó y el mismo día en su país se le dio la libertad, se lo nombró oficialmente “héroe” nacional” y se lo ascendió a Mayor. La protesta mundial de los armenios ha tenido un gran eco. Piden que el asesino sea devuelto a Hungría y cumpla la pena. Han dejado así el desnudo ante el mundo al gobierno encubridor de un asesino feroz.
Y allá, en mi país, Argentina, en la ciudad bonaerense de Balcarce, hombres y mujeres que no admiten lo injusto han iniciado acciones para que se quite a la ciudad el monumento al dictador Uriburu, sí, el dictador que inició los golpes militares contra los gobiernos constitucionales y fue fusilador de obreros. Es increíble ese monumento. Un insulto a la vida y a la democracia. Pero hay seres nobles que ponen la cara para el triunfo de la Etica. Para lograr ese mundo soñado sin armas y con niños que sonrían eternamente.

lunes, 3 de septiembre de 2012

viernes, 31 de agosto de 2012


Entrevista a la escritora Clarice Lispector, grabada el 20 de octubre de 1976 en la sede del Museu da Imagem e do Som de Río de Janeiro

Affonso Romano de Sant’Anna: Clarice, ¿empezamos con algunos datos biográficos?
Clarice Lispector: Nací en Ucrania, pero ya en fuga. Mis padres pararon en una aldea que ni aparece en el mapa, llamada Tchetchelnik, para que yo naciera, y vinieron al Brasil, adonde llegué con dos meses. De manera que llamarme extranjera es una tontería. Soy más brasileña que rusa, evidentemente.
Affonso Romano de Sant’Anna: ¿La gente te llama extranjera por el acento?
Clarice Lispector: Por la “erre”. Creen que es acento, pero no lo es. Es el frenillo. Podrían habérmelo cortado, pero es muy difícil ya que es un lugar siempre húmedo, de difícil cicatrización. Ahora ya da igual.
Affonso Romano de Sant’Anna: Y tus primeras lecturas literarias, ¿cuándo empezaron, más o menos?
Clarice Lispector: Cuando aprendí a leer... Bueno, antes de aprender a leer y a escribir, yo ya fabulaba. Incluso inventé con una amiga mía, un poco pasiva, una historia que no acababa. Era lo ideal, una historia que no acabase nunca.
Affonso Romano de Sant’Anna: La amiga pasiva de quien hablas es una amiga imaginaria, ¿no?
Clarice Lispector: No. Era real, pero quieta, me obedecía. Porque yo era un poco líder. La historia era así: yo empezaba, todo era muy difícil, los dos muertos... Entonces entraba ella y decía que no estaban tan muertos. Y ahí volvía todo a empezar... Después, cuando aprendí a leer, devoraba los libros, y pensaba que eran como un árbol, como un bicho, algo que nace. No sabía que había un autor detrás de todo. Luego descubrí que era así y dije: “Yo también quiero”. En el Diário de Pernambuco, los jueves, publicaban cuentos infantiles. Yo no me cansaba de mandar mis cuentos, pero nunca los publicaban, y yo sabía por qué. Porque los otros decían: “Erase una vez y esto y lo otro...”. Y los míos eran sensaciones.
Affonso Romano de Sant’Anna: ¿Guardaste alguna copia de esos cuentos o los publicaste en otro sitio?
Clarice Lispector: No, no he guardado nada.
***
Marina Colasanti:El título Cerca del corazón salvaje procede de Joyce, si no me equivoco.
Clarice Lispector: Es de Joyce, sí. Pero yo no había leído nada de él. Vi esta frase que sería como un epígrafe y la aproveché.
Marina Colasanti: Porque Joyce aparece, es decir, puede ser él o no serlo, en un personaje llamado Ulisses. Una vez, en unas declaraciones en la PUC, dijiste que no tenía nada que ver con el Ulises de Joyce, ni con el de Homero, que no había ahí ninguna cita escondida y que era sólo un muchacho que habías conocido en Suiza.
Clarice Lispector: Cierto. Y que se había enamorado de mí. Y yo estaba casada, de manera que se fue de Suiza y nunca más volvió. Era estudiante de filosofía.
Marina Colasanti: Tienes un perro, Uli-sses, ¿verdad?
Clarice Lispector: Tengo un perro llamado Ulisses, sí.
Affonso Romano de Sant’Anna: En aquella charla, una alumna había hecho precisamente una pregunta sobre el origen de tus personajes, porque ella veía una serie de relaciones entre ese personaje y las características míticas que estarían presentes en la Odisea e incluso en Joyce.
Clarice Lispector: Bueno, corresponde a los críticos establecer las comparaciones.
Affonso Romano de Sant’Anna: Lo que la crítica siempre exaltó en tu trabajo es que apareciste ya con un estilo completo: no era un estilo en progresión. En Cerca del corazón salvaje ya eras Clarice Lispector y eras todavía una niña de diecisiete, dieciocho años.
Clarice Lispector: Es curioso que yo no haya tenido influencias. Ya estaba guardado dentro de mí. Ya había escrito cuentos antes.
Affonso Romano de Sant’Anna: Hay una influencia que parece que tú misma has reconocido una vez, si no como influencia directa, por lo menos como lectura constante tuya, que era El lobo estepario, de Herman Hesse.
Clarice Lispector: Lo leí a los trece años. Me volví medio loca, me entró una fiebre terrible, y empecé a escribir. Escribí un cuento que nunca se acaba y que yo no sabía muy bien cómo hacer, entonces lo rompí y lo tiré.
Marina Colasanti: ¿Rompes muchas cosas?
Clarice Lispector: Ahora he aprendido a no romper nada. Mi asistenta, por ejemplo, tiene órdenes de dejar como esté cualquier pedacito de papel con algo escrito.
Affonso Romano de Sant’Anna: Porque si no, pedirías que la USP colocase un funcionario en tu casa. La universidad está comprando los archivos de todos los escritores brasileños y así ya tendríamos un funcionario recogiendo tus papelitos para adelantar el expediente.
Clarice Lispector: No me digas, ¿cuánto pagan?
Affonso Romano de Sant’Anna: Una fortuna. Allí está la biblioteca de Mário de Andrade, entre otras. Podías haber pedido un buen dinero.
Clarice Lispector: ¡Ay, Dios mío! He roto tantos papeles.
Affonso Romano de Sant’Anna: Puedes vendérselos a ellos o venderlos, en dólares, a las universidades norteamericanas.
Clarice Lispector: Una universidad de Boston me escribió una vez pidiendo detalles de mi vida. No respondí porque me da mucha pereza escribir cartas. Y había un amigo a quien le dije: “Responde por mí. Di lo que quieras y di que yo estoy de acuerdo”. Después recibí un diploma de Boston. Se me consideraba como parte de la biblioteca de la universidad. Ni sé dónde está eso.
Marina Colasanti: Estabas diciendo que empezaste escribiendo cuentos para niños, y de vez en cuando vuelves a ellos. ¿Es otra actividad paralela?
Clarice Lispector: Sí. Hoy mismo me han entrevistado cuatro niñas de once años del Santo Inácio, con fotografías y preguntas y más preguntas a causa de La mujer que mató a los peces y si era verdad que me gustaban los animales. Dije: “¡Claro! ¡Yo también soy un animal!”. Después se fueron... Me dejaron muy cansada.
Marina Colasanti:¿Y por qué escribes libros infantiles esporádicamente?
Clarice Lispector: Bueno, primero mi hijo Paulo, en Washington...
Marina Colasanti: ¿Cuántos hijos tienes?
Clarice Lispector: Dos. Uno vive con su padre y el otro está casado, Pedro y Paulo Gurgel Valente. Cuando estaba escribiendo La manzana en la oscuridad en Washington, mi hijo Paulo me pidió, en inglés –yo hablaba portugués con él, pero él hablaba inglés conmigo–, que escribiese una historia para él, y le respondí: “Después”. Pero él dijo: “No, ahora”. Entonces saqué el papel de la máquina y escribí El misterio del conejo que pensaba, que es una historia real, una cosa que él conocía. Por esa vez, fue todo. Lo escribí en inglés para que la criada se lo pudiese leer, ya que entonces él todavía no sabía... He preguntado a un médico si es normal tener tantas ideas al mismo tiempo y me ha dicho que todo el mundo las tiene, por eso me pierdo. Ya no sé qué estaba diciendo... ¡Ah! Por esa vez, fue todo. Pasado un tiempo, un escritor de San Pablo, ya no me acuerdo de su nombre, que editaba libros infantiles, me preguntó si yo quería escribirlos o si tenía alguno. Dije que no. De repente me acordé de que todavía tenía la historia del conejo y que sólo había que traducirla al portugués, cosa que hice yo misma.
***
Affonso Romano de Sant’Anna: Vimos en Buenos Aires una edición española, creo que de La manzana en la oscuridad, ¿no?
Clarice Lispector: Han publicado casi todos mis libros. Cuando llegué allí me quedé pasmada. He estado este año.
Affonso Romano de Sant’Anna: ¿Y esa gente te paga?
Clarice Lispector: No, nada. A veces pregunto, pero es tan inútil, porque tampoco pagan. Es otro país, es otra cosa, ¡si aquí me pagan mal! ¿Cómo va a ser en otro país? En Argentina se han publicado muchas cosas mías y yo me quedé pasmada cuando llegué, no sabía que me conocían. Dieron un cóctel, treinta periodistas, hablé por la radio, medio teledirigida, porque era todo tan extraño, tan inesperado, que actuaba casi sin saber. Ni noté que estaba hablando por la radio.. Yo qué sé... Una mujer me besó la mano.
***
Joao Salgueiro: En 1964 apareció La pasión según G. H.
Clarice Lispector: Pero fue escrito en 1963. Es curioso, porque yo estaba en la peor de las situaciones, tanto sentimental como de familia, todo complicado, y escribí La pasión... ¡que no tiene nada que ver con eso, no lo refleja!
Affonso Romano de Sant’Anna:¿Crees que no?
Clarice Lispector: No, en absoluto. Porque yo no escribo como catarsis, para de-sahogarme. Nunca me he desahogado en un libro. Para eso sirven los amigos. Yo quiero la cosa en sí.
Affonso Romano de Sant’Anna: Permíteme que te plantee un problema. Sabes que la crítica literaria actual tiene la siguiente teoría: el texto es exactamente igual al sueño, tiene un contenido manifiesto y un contenido latente.
Clarice Lispector: Estoy de acuerdo.
Affonso Romano de Sant’Anna: Entonces, ¿no crees que sería posible que en el inconsciente del texto se localice todo eso? Es decir, hay un cierto nivel del texto que, como en el sueño, escapa al control del soñador...
Clarice Lispector: Sí, escapó del control cuando yo, por ejemplo, supe que la mujer G. H. iba a tener que comerse el interior de la cucaracha. Me estremecí de miedo.
Affonso Romano de Sant’Anna:¿Por qué G. H.?
Clarice Lispector: Porque era ella hablando sobre sí misma, es decir, no se llamaba a sí misma, pero hay un momento en que ella consigue un nombre, puesto que en la maleta estaban las iniciales G. H. Entonces quedó “según G. H.”.
***
Affonso Romano de Sant’Anna: ¿Sabías que Clarice es una bruja tremenda? (risas)
Clarice Lispector: Ah, eso fue un crítico, no recuerdo de qué país latinoamericano, que dijo que yo usaba las palabras no como escritora, sino como bruja. Por eso, quizá, me mandaron una invitación para participar en el Congreso de Brujería de Colombia. Me invitaron y fui.
Marina Colasanti: La única bruja brasileña (risas)
Affonso Romano de Sant’Anna: Pero cuenta tus relaciones con la brujería, Clarice. Si tuvieses que introducir al lector en esos misterios, ¿cuáles serían los datos?
Clarice Lispector: ¡No hay, no hay!
Joao Salgueiro: ¿La idea de la brujería nació del crítico y tú no la desarrollaste?
Clarice Lispector: No, no. No tuvo consecuencias, tampoco me acostumbré al clima de Bogotá, en Colombia. Tenía dolor de cabeza y un día me encerré en el cuarto, sola. No cogía el teléfono, sólo llamaba para pedir comida y bebida. Me parecía muy aburrido. Me aburro fácilmente de las cosas...
Affonso Romano de Sant’Anna: ¿Cómo fue tu presentación allí?
Clarice Lispector: Dijeron que querían un texto mío. Yo no sabía hacer un texto sobre brujería porque no soy bruja, ¿no? Entonces traduje al inglés “El huevo y la gallina”. Pedí a un tipo, cuyo nombre no recuerdo, que lo leyera. El tenía la traducción española. La mayor parte de la gente no sabe qué era lo que se leyó, no entendieron nada. Pero un norteamericano se quedó tan alucinado que me pidió una copia de aquel cuento...
***
Joao Salgueiro:¿Conociste al pintor Giorgio De Chirico?
Clarice Lispector: Sí, lo conocí. Yo estaba en Roma y un amigo mío me dijo que seguramente a De Chirico le gustaría pintarme. Se lo preguntó y él dijo que sólo después de verme. Me vio y dijo: “Pintaré su retrato”. Lo hizo en tres sesiones y dijo: “Podría continuar pintando interminablemente este retrato, pero temo estropearlo todo”.
Joao Salgueiro: ¿Dónde está ese retrato?
Clarice Lispector:Está en casa.
Marina Colasanti: Tienes una buena colección de retratos. Varios artistas han pintado a Clarice.
Clarice Lispector: Lo que pasa es que yo, según parece, tengo un rostro un poco exótico. Y eso atrae mucho a los pintores.
Affonso Romano de Sant’Anna: Eres medio asiática...
Clarice Lispector: Cuando estaba en Wa-shington, en un cóctel, un hombre se me quedó mirando, mirando, se acercó a mí y me preguntó: “¿Es usted rusa?”. “Nací en Rusia, pero no soy rusa, ¿por qué?” “Porque tiene usted el tipo fino de los rusos.” Le pregunté quién era y me dijo no sé qué Tolstoi; era pariente de Tolstoi.
Marina Colasanti: Clarice, ¿cómo conseguiste conciliar tu personalidad tímida y la carrera diplomática que tenían que seguir?
Clarice Lispector: Lo odiaba, pero cumplía con mis obligaciones para ayudar a mi ex marido. Daba cenas, hacía todo lo que había que hacer, pero con náuseas...
Marina Colasanti: ¿Y escribías paralelamente? Porque la vida diplomática ocupa mucho.
Clarice Lispector: ¡Sí, escribía! Escribía, atendía al teléfono, los niños gritaban, el perro entraba y salía... La manzana en la oscuridad fue así...
Marina Colasanti:La presencia de tus hijos es muy constante en cuentos, notas, pasajes... Has vivido siempre muy unida a ellos, ¿no?
Clarice Lispector: Sí, estoy muy unida a ellos.
Marina Colasanti: ¿Y cómo viven ellos el hecho de que seas escritora? ¿Son lectores tuyos?
Clarice Lispector: No lo sé, nunca se lo he preguntado, pero Paulo habló un día de un cuento mío, así supe que lo había leído. Porque lo que yo era, y soy, principalmente, es su madre, no una escritora. Y debe de ser pesadísimo tener una madre escritora.
Marina Colasanti: Las madres siempre son pesadas, Clarice, no hay modo de evitarlo...
Clarice Lispector:Sí, las madres son pesadas...
Marina Colasanti: Pero los cuentos infantiles, al menos los que hiciste para ellos, sabes que los han leído.
Clarice Lispector: Sí, lo sé. Y les gustaron, porque yo no miento a los niños.
***
Joao Salgueiro: Como persona, en el mundo actual, ¿te sientes integrada en la sociedad o te sientes solitaria?
Clarice Lispector: Mira, tengo amigos, amistades, pero escribir es un acto solitario. Fuera del acto de escribir me llevo bien con la gente.
Joao Salgueiro:¿Quieres decir que no sientes soledad?
Clarice Lispector: A veces, a veces, e incluso muy profunda... Alceu Amoroso Lima escribió una cosa, muy repetida después, dijo que yo estaba en una trágica soledad en las letras brasileñas.
Affonso Romano de Sant’Anna: No sé si será una indiscreción, pero ¿podrías contar la historia de las palomas? Esta historia, en sí, daría un cuento.
Clarice Lispector: Sí, lo daría, pero un cuento fantástico, que nunca sería considerado real. Pero sucedió... fue así: el 1º de enero de 1964, una amiga mía entró en su casa a buscar algo y yo me senté en la escalera a esperarla. De repente, me entró una desesperación tan grande con aquel sol y el agua vacía, el primer día del año, que dije: “Ay, Dios mío, dame al menos un símbolo de paz”. Cuando abrí los ojos tenía una paloma junto a mí. Después fui al cine. Las tiendas estaban cerradas, pero junto al cine Paissandú, en un escaparate, había un plato con cuatro palomas que, al día siguiente, compré. Ahora lo tengo medio abandonado... Pero el tercer hecho fue el más impresionante: yo iba a la ciudad en un día de calor, tomé un taxi y estaba tan cansada, con las gafas oscuras, que apoyé la cabeza en el asiento de enfrente. De repente, noté una cosa entre el ojo y las gafas y miré qué era. Era una pluma de paloma... Después me fui a hacer una visita de camaradería a un amigo mío médico, y le conté la historia. Le pregunté: “¿Cómo te lo explicas?”. El sólo dijo: “Lo que es bueno no necesita explicación...”. Y pregunta: “¿Quieres una pluma de paloma?”. Asustada, le pregunté: “¿Tienes una?”. Entonces él cogió una y me la dio... Otra vez, cuando iba al médico, tomé un taxi que, durante el trayecto, dio un frenazo brusco. Le pregunté al taxista: “¿Qué ha pasado?”. Y me dijo: “Gracias a Dios, he evitado matar a una paloma”. Una historia increíble...
Marina Colasanti:Hace un tiempo atravesabas un período de crisis respecto de la escritura. Es decir, no querías escribir. Habías acabado el libro anterior a la novela que escribes ahora. Decías incluso que tu liberación sería poder no escribir.
Clarice Lispector: ¡Claro...! ¡Escribir es un peso!
Joao Salgueiro: Clarice, esta pregunta es de una periodista: “Eres una intuitiva. Entonces, ¿cómo encaras lo sobrenatural en tu vida?”.
Clarice Lispector: Mira, lo natural es también sobrenatural. No creas que está tan lejos. Lo natural es ya en sí un misterio.